El modelo turístico dominicano, históricamente cimentado en el sol, la playa y los grandes complejos hoteleros, ha logrado consolidar al país como un referente en el Caribe. No obstante, las tendencias actuales sugieren que el visitante contemporáneo demanda experiencias más profundas que incluyan la historia, la arquitectura, la gastronomía y la vida cotidiana de los destinos. Bajo esta premisa, surge la necesidad de evaluar si el potencial de las ciudades dominicanas está siendo aprovechado en su totalidad, dejando atrás la idea de que lugares como Santo Domingo son solo puntos de tránsito hacia los polos hoteleros.
El potencial de las ciudades como destinos estratégicos
La Ciudad Primada de América posee un patrimonio histórico, cultural y artístico que le otorga méritos suficientes para ser un destino independiente. Ciudades como Santiago, La Vega, San Pedro de Macorís y Baní también cuentan con características propias que podrían integrarse a una estrategia nacional de turismo urbano. Siguiendo ejemplos de otras urbes latinoamericanas, la meta no es reemplazar el modelo tradicional, sino ampliar la oferta para distribuir los beneficios económicos de manera más equitativa en el territorio nacional.
Para lograr esta transformación, se requiere una articulación efectiva entre el Gobierno, los ayuntamientos, el sector privado y los organismos de seguridad. La infraestructura urbana, que abarca desde la limpieza y la iluminación hasta la movilidad y la conservación del patrimonio, es un componente esencial del producto turístico. Antes de atraer visitantes internacionales, es necesario garantizar entornos ordenados y seguros para quienes residen en ellas. La República Dominicana tiene la oportunidad de presentarse ante el mundo no solo como un destino de costa, sino como un territorio rico en identidad, historia y experiencias culturales diversas.